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La experiencia marroquí en la gestión del hecho religioso se perfila como un modelo de moderación capaz de contener la radicalización y ofrecer soluciones a las tensiones identitarias, según un análisis publicado recientemente por Eubriefs.
El informe subraya que «frente a los desafíos de la radicalización y la integración, el enfoque marroquí de gestión del ámbito religioso ofrece una alternativa basada en la moderación y el diálogo», destacando la importancia de la diplomacia civil y la convivencia para garantizar la estabilidad social y la cooperación internacional.
El estudio afirma que «la convivencia pacífica entre las diferentes culturas y religiones es la garantía de la estabilidad y el progreso de las sociedades»; mientras que la diplomacia civil «permite construir puentes de comunicación y diálogo entre las civilizaciones y las religiones y asegurar un desarrollo sostenible y resolver los conflictos por medios pacíficos».
Esta reflexión posiciona a Marruecos como un referente en el fortalecimiento de los lazos culturales y religiosos, no solo a nivel nacional sino también como un ejemplo para las sociedades europeas.
Fundamentos doctrinales e institucionales
El análisis detalla que el modelo religioso marroquí se sustenta en una herencia histórica profunda, vinculada al pluralismo cultural y religioso del país.
Según Eubriefs, «este modelo, nutrido por el islam marroquí moderado basado en el camino medio, el respeto mutuo y la tolerancia, se apoya en tres pilares principales: el rito malikí, la doctrina ash’arita y una espiritualidad sufí tolerante».
Este enfoque se encuentra institucionalmente respaldado por el Mandato de los Creyentes (Imarat Al-Mouminine) ejercido por el Rey Mohammed VI, garante de la libertad de culto.
Según el análisis, «este marco institucional y doctrinal permite a Marruecos promover un islam de justo medio, alejado de las derivas extremistas y las manipulaciones ideológicas», condición indispensable para la cohesión nacional y la estabilidad regional.
Proyección internacional y enseñanza para Occidente
El papel del Rey como Amir Al-Mouminine se destaca como eje central de este equilibrio religioso y social. El informe señala que esta función, «a la vez espiritual y política, permite salvaguardar la sacralidad de la religión al tiempo que la adapta a los desafíos modernos».
Asimismo, Marruecos ha implementado reformas estructurales como la creación del Instituto Mohammed VI para la formación de imanes y la reestructuración del ámbito religioso, con el objetivo de institucionalizar un islam moderado, exportable y orientado hacia la paz y la coexistencia.
El análisis concluye que «el país demuestra que es posible conciliar la tradición islámica, la modernidad y la estabilidad», ofreciendo una vía concreta para que las sociedades occidentales enfrenten de manera sostenible los desafíos del extremismo y la radicalización.
Con este enfoque, Marruecos refuerza su posición como ejemplo internacional de convivencia interreligiosa y diplomacia civil, confirmando que la moderación religiosa puede ser un instrumento eficaz de desarrollo social, estabilidad regional y cooperación global.
