Rue20 Español/Rabat
La decisión del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, de rechazar la participación de España en un eventual ataque militar contra Irán ha generado un amplio eco internacional y ha abierto un intenso debate político y mediático dentro del país.
Mientras numerosos actores internacionales han valorado positivamente su defensa del derecho internacional, algunos analistas españoles han advertido de posibles implicaciones estratégicas para Madrid, particularmente en relación con Marruecos.
El jefe del Ejecutivo español fue una de las primeras figuras políticas occidentales en expresar públicamente su rechazo a la posibilidad de que Estados Unidos utilizara instalaciones militares españolas para lanzar operaciones militares contra Irán en el marco del conflicto que enfrenta a Washington y a Israel con Teherán.
Según explicó Sánchez, España no autorizaría el uso de dos de sus principales bases militares situadas en el sur del país —navales y aéreas— para una ofensiva contra territorio iraní. El dirigente socialista defendió su postura apelando al respeto del derecho internacional y a la necesidad de evitar una escalada bélica en Oriente Medio.
“No a la guerra”, afirmó el jefe del Gobierno, subrayando que una operación militar contra Irán supondría una ruptura de las normas internacionales y podría conducir a repetir “errores del pasado” en la política internacional.
La posición española se inscribe además en un contexto de tensiones previas con la administración estadounidense encabezada por Donald Trump. Ya en 2025, el presidente estadounidense había presionado a Madrid para incrementar su gasto militar dentro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte hasta el 5 % del Producto Interior Bruto.
Sánchez rechazó esa exigencia y mantuvo el compromiso previamente asumido por España de destinar el 2 % de su PIB al presupuesto de defensa de la Alianza Atlántica.
En respuesta a las amenazas de represalias comerciales lanzadas por Trump, el líder español defendió su posición con firmeza. “No vamos a hacernos cómplices de algo que es malo para el mundo y contrario a nuestros valores e intereses simplemente para evitar represalias”, declaró durante una intervención pública.
Desde Washington, Trump reaccionó con dureza, llegando a advertir sobre la posibilidad de suspender los intercambios comerciales con España. No obstante, el Gobierno español recibió rápidamente muestras de apoyo de socios europeos, entre ellos Francia y varias instituciones de la Unión Europea.
Pese al respaldo internacional a la postura de Madrid, parte de la prensa y del debate político español ha mostrado preocupación por las consecuencias geopolíticas de esta decisión.
Algunos comentaristas consideran que el distanciamiento de España respecto a Estados Unidos podría debilitar su red tradicional de alianzas estratégicas y reducir su margen de maniobra frente a desafíos regionales.
En ese contexto, varios analistas han vuelto a mencionar las tensiones históricas con Marruecos en torno a territorios como Ceuta, Melilla o incluso las Islas Canarias.
El periodista Federico Jiménez Losantos advirtió en el diario El Mundo de que, a su juicio, España podría quedar en una posición más vulnerable si deteriora simultáneamente sus vínculos con Estados Unidos y con sus socios estratégicos.
Según su análisis, la ruptura o debilitamiento del “vínculo atlántico” y las tensiones en el seno de la OTAN podrían alterar el equilibrio geopolítico en el área comprendida entre el archipiélago balear, el Estrecho de Gibraltar y las Canarias.
El papel del Sáhara marroquí en la relación bilateral
En el debate mediático también reapareció el papel del Sáhara marroquí en la relación entre Madrid y Rabat. Algunos analistas recordaron que España utilizó durante años su posición sobre el territorio como elemento de presión política frente a Marruecos.
España se retiró del Sáhara en 1975 tras la firma de los Acuerdos de Madrid y la posterior Marcha Verde organizada por Marruecos.
Varios comentaristas han señalado que el apoyo expresado por el Gobierno de Sánchez al plan de autonomía marroquí para el Sáhara habría modificado el equilibrio diplomático tradicional entre ambos países, eliminando —según estas interpretaciones— uno de los instrumentos de presión de Madrid.
El analista Florentino Portero también consideró en declaraciones a ESradio que Rabat podría aprovechar el nuevo contexto estratégico.
La discusión se intensificó tras informaciones publicadas por el diario deportivo AS, que insinuaban que la base naval de Base Naval de Rota —una de las instalaciones militares más importantes de Europa— había sido mencionada en círculos políticos estadounidenses como posible alternativa estratégica fuera de España.
La base de Rota forma parte del escudo antimisiles de la OTAN y constituye un punto clave para las operaciones militares de la Alianza Atlántica en el Mediterráneo y el Atlántico.
Finalmente, su papel dentro de la arquitectura defensiva de la OTAN descartó cualquier posibilidad real de transferencia a un país no miembro de la organización, como Marruecos, pese a las especulaciones procedentes de sectores próximos al Partido Republicano estadounidense.
En medio de este debate, la postura del Gobierno español continúa siendo objeto de interpretaciones contrapuestas: mientras algunos la consideran una defensa firme del derecho internacional y de la autonomía estratégica europea, otros advierten sobre sus posibles repercusiones en el delicado equilibrio geopolítico del Mediterráneo occidental.
