Rue20 Español/Rabat
La desclasificación de archivos diplomáticos franceses vuelve a situar bajo los focos una alianza tejida hace más de cuatro décadas entre la República Islámica de Irán, Argelia y el Polisario.
Los documentos, fechados a partir de 1979 y con referencias clave en 1984, apuntan a la consolidación de un entendimiento político, ideológico y progresivamente militar que, según estas fuentes, se habría articulado bajo patrocinio argelino y con el beneplácito directo de las autoridades iraníes surgidas tras la Revolución Islámica.
Lejos de tratarse de una hipótesis geopolítica, los telegramas diplomáticos revelan contactos tempranos y una convergencia estratégica que evolucionó desde encuentros discretos hasta mecanismos de cooperación estructurada.
La reciente coyuntura en Teherán, marcada por la muerte del líder supremo Alí Jameneí y la apertura formal del proceso sucesorio, devuelve actualidad a un eje cuya proyección regional sigue siendo objeto de debate en el Magreb y en círculos occidentales.
Un encuentro fundacional en el París de 1979
Uno de los episodios más significativos recogidos en los archivos sitúa en enero de 1979 una reunión en París entre una delegación del Polisario y el ayatolá Ruhollah Jomeini, entonces aún exiliado en Francia y a punto de regresar a Teherán el 1 de febrero de ese año.
El encuentro, confirmado por un documento firmado por el embajador francés en Rabat, Jean Herly, se produjo en un momento de profunda reconfiguración regional. La caída inminente del sah y el triunfo de la Revolución Islámica abrían la puerta a nuevas alianzas en nombre del antiimperialismo y la exportación del modelo revolucionario chií.

Para los servicios diplomáticos franceses, la reunión no fue un gesto protocolario aislado, sino el primer indicio de un acercamiento ideológico inesperado entre un movimiento separatista y un liderazgo teocrático chií con ambiciones expansivas.
Según los análisis de la época, Teherán priorizaba la lógica de influencia estratégica sobre las diferencias doctrinales, siempre que sus interlocutores pudieran integrarse en su agenda de desestabilización regional.
1984: Institucionalización del vínculo
El giro decisivo se documenta en un telegrama fechado el 28 de enero de 1984 y enviado desde la embajada francesa en Teherán. En él se detalla la visita oficial de Mahfoud Ali Beiba, entonces “primer ministro” de la autoproclamada “rasd”, recibido con honores por responsables iraníes.
Según el cable diplomático, las conversaciones incluyeron respaldo logístico y militar, así como un estímulo explícito para privilegiar la vía armada frente a la diplomática.
La coincidencia temporal con la Conferencia de Casablanca y las tensiones regionales posteriores reforzó la lectura de que el acercamiento formaba parte de una arquitectura más amplia, en la que Argelia desempeñaba un papel de cobertura política y estratégica.
El documento también refleja críticas iraníes a cualquier intento de aproximación entre Rabat y Argel, así como a la presencia estadounidense en el norte de África. La cuestión del Sáhara marroquí era percibida en clave ideológica, integrada en la narrativa de resistencia frente a Occidente y como vector para proyectar influencia más allá de Oriente Medio.
Un eje tripartito y su dimensión militar
Los archivos describen una coordinación que implicaba a cuadros del Polisario, sectores duros del aparato argelino y representantes de la Guardia Revolucionaria iraní.
El apoyo habría abarcado entrenamiento, suministro y canales de comunicación directa con enviados iraníes, en una relación que, según estas fuentes, se mantuvo durante décadas.
En paralelo, el discurso del grupo separatista adoptó referencias y comparaciones alineadas con la retórica revolucionaria iraní, enmarcando el conflicto en términos de confrontación total.
Esta evolución lingüística e ideológica reforzó la percepción de que el Polisario transitaba desde una narrativa de liberación nacional hacia una inserción en lógicas geopolíticas más amplias.
Marruecos y la línea roja diplomática
Ante esta reconfiguración, Marruecos consolidó una posición de firmeza bajo el reinado del difunto Rey Hasán II, quien en 1979 dejó clara su negativa a cualquier concesión sobre el Sáhara. Esa doctrina se mantuvo como uno de los pilares constantes de la política exterior marroquí.
En los archivos de La Courneuve se recoge la determinación del monarca de no aceptar separación territorial alguna, en un contexto donde la convergencia entre Teherán, Argel y el Polisario era interpretada como una amenaza estratégica directa.
2026: Sucesión incierta y continuidad estratégica
La muerte de Alí Jameneí en marzo de 2026 abre una etapa de transición inédita en la República Islámica, que solo ha conocido dos líderes supremos desde 1979. El proceso constitucional prevé un liderazgo provisional compartido, mientras la Asamblea de Expertos designa al sucesor en un contexto de presión interna y confrontación externa.
El eventual ascenso de figuras vinculadas a la Guardia Revolucionaria o al círculo más próximo al difunto líder sugiere una posible continuidad doctrinal.
En este escenario, los documentos desclasificados no solo iluminan el pasado, sino que aportan claves para interpretar el presente.
La relación tejida desde 1979 entre Teherán, Argel y el Polisario aparece como parte de una estrategia más amplia de proyección regional iraní, cuya evolución dependerá ahora del rumbo que adopte la sucesión en la cúspide del poder persa.
La historia de aquel encuentro en un salón parisino en 1979, lejos de ser una anécdota, se perfila así como el punto de partida de un eje que ha marcado durante décadas el equilibrio estratégico en el Gran Magreb y cuyo futuro vuelve a estar condicionado por los acontecimientos en Teherán.
