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domingo, junio 7, 2026

Marruecos, pieza clave en la estabilidad y el desarrollo del Sahel

 

Rue20 Español/Rabat

En un Sahel marcado por la inestabilidad política, las amenazas terroristas y los desafíos climáticos, Marruecos consolida su rol como actor regional indispensable.

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La estrategia del Reino combina diplomacia activa, cooperación en seguridad y proyectos de desarrollo, cimentando un posicionamiento que trasciende los enfoques tradicionales de influencia africana.

Esta proyección se enmarca en una visión a largo plazo que se ha reforzado desde el regreso de Marruecos a la Unión Africana en 2017, tras más de tres décadas de ausencia.

El contexto saheliano refleja un entorno complejo: Estados como Malí, Níger, Burkina Faso, Chad y Mauritania enfrentan grupos extremistas y tensiones internas, al tiempo que buscan socios confiables que complementen o sustituyan la asistencia occidental, cada vez más cuestionada, y la creciente presencia de potencias emergentes como Rusia o Turquía.

Marruecos ocupa este espacio aprovechando su estabilidad institucional, su experiencia en lucha antiterrorista y su cercanía cultural y geográfica con la región.

Diplomacia religiosa: Un instrumento de cohesión social

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La diplomacia religiosa marroquí se ha convertido en un elemento central de su estrategia en el Sahel. A través del Instituto Mohammed VI de formación de imanes, morchidines y morchidates, Rabat forma a cientos de líderes religiosos de Malí, Níger, Burkina Faso, Chad y otros países, promoviendo un islam moderado basado en malikismo y sufismo, capaz de contrarrestar las narrativas extremistas.

El programa combina teología con gobernanza, derechos humanos, diálogo interreligioso y comunicación moderna, preparando a los líderes religiosos para desempeñar funciones sociales y cívicas más allá de la liturgia.

La participación de morchidates, dirigidas a mujeres y jóvenes, constituye una innovación de impacto en comunidades donde la radicalización busca marginarlas o instrumentalizarlas.

Asimismo, Marruecos ha establecido acuerdos de cooperación religiosa y ha promovido la renovación de mezquitas, la edición de libros y la organización de conferencias que reúnen a ulemas africanos, institucionalizando su liderazgo espiritual a través de la Fundación Mohammed VI de ulemas africanos.

Cooperación en seguridad: Experiencia y discreción

Paralelamente, Marruecos desarrolla una cooperación en seguridad enfocada en la transferencia de competencias y el fortalecimiento de capacidades locales. La Oficina Central de Investigaciones Judiciales (BCIJ) y las Fuerzas Armadas Reales (FAR) colaboran con países sahelianos en formación antiterrorista, inteligencia preventiva, ciber vigilancia y control territorial.

Este enfoque discreto, sin despliegues militares directos, genera confianza en Estados que valoran su soberanía y buscan un acompañamiento eficaz pero no intrusivo.

Desarrollo económico e integración regional

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El desarrollo económico constituye el tercer pilar de la estrategia marroquí. Empresas como OCP, Attijariwafa Bank, Maroc Telecom y Royal Air Maroc lideran inversiones en agricultura, banca, telecomunicaciones y transporte aéreo, creando un vínculo tangible con las economías locales.

Programas como “Asociación África” de la OCP, enfocados en fertilización de suelos, transferencia tecnológica y formación agronómica, han elevado los rendimientos de cultivos esenciales en Malí y Nigeria. Attijariwafa Bank y Banque of Africa facilitan microcréditos, financian la agroindustria y promueven el emprendimiento, mientras Maroc Telecom potencia la conectividad digital y Royal Air Maroc refuerza la movilidad continental.

Grandes proyectos de infraestructura, como carreteras, puentes y centrales solares, así como el ambicioso gasoducto África Atlántico, buscan conectar la región y posicionar a Marruecos como centro energético y económico de referencia.

Diplomacia continental y mediación

Marruecos también proyecta su influencia a través de la diplomacia, consolidando su imagen de mediador regional. Desde la reintegración a la Unión Africana, el Reino ha intensificado su presencia diplomática, facilitando negociaciones entre facciones locales, promoviendo diálogos intercomunitarios y ampliando sus relaciones económicas y educativas.

La aspiración a integrarse en la CEDEAO subraya esta voluntad de participación plena en las dinámicas sahelo-oeste-africanas.

La gestión de flujos migratorios hacia Europa ha fortalecido la posición diplomática de Rabat, generando apoyos de varios Estados africanos y contribuyendo al reconocimiento práctico de la soberanía marroquí sobre las provincias del sur.

Marruecos propone en el Sahel un modelo de diplomacia integral, que combina seguridad, desarrollo económico, mediación política y liderazgo religioso. Su enfoque, basado en acompañamiento, transferencia de competencias y relaciones ganar-ganar, refuerza su credibilidad frente a países africanos que buscan estabilidad y autonomía.

Lejos de posturas neocoloniales o intervenciones militares masivas, el Reino se consolida como un actor africano estratégico, con un soft power sólido y duradero, respaldado por la legitimidad histórica y religiosa que lo distingue de otras potencias internacionales.

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