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viernes, junio 5, 2026

¿Y si cayera el PSOE en las próximas elecciones generales?

 

Rue20 Español/ Fez

Walid El Moumen

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La incertidumbre y la ambigüedad vuelven a rodear el futuro político español. Ante el desgaste del Gobierno socialista y el ascenso constante de la derecha y su cercana aliada ultraderecha, surge una pregunta clave: ¿qué ocurriría si el PSOE perdiera el poder en las próximas elecciones generales? Más allá de las retóricas difundidas en la prensa y las redes sociales, ¿este posible giro tendría un impacto directo en la comunidad marroquí residente en España y en las relaciones estratégicas entre Madrid y Rabat?

Lo que afecta a la comunidad marroquí

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Las experiencias recientes en Europa ofrecen pistas reveladoras. Basta observar Italia, bajo el liderazgo de Giorgia Meloni, y Francia, donde Marine Le Pen sigue marcando la agenda política pese a no haber llegado aún al poder. Estos países muestran que el acceso —real o potencial— de la extrema derecha al Gobierno no siempre se traduce en rupturas drásticas en política exterior. La retórica que a veces acompaña a estos movimientos choca con los límites impuestos por la realidad económica, geopolítica y diplomática. Incluso la Unión Europea tiene la última palabra: cualquier decisión relevante debe ser ratificada por Bruselas, que ya ha moderado a Meloni, convirtiéndola en más tolerante en materia de inmigración.

En España, Vox, con Santiago Abascal al frente, parece replicar un esquema conocido. Al igual que el Reagrupamiento Nacional en Francia ha convertido a los argelinos en su principal blanco simbólico, la extrema derecha española ha focalizado su retórica en los marroquíes. Sin embargo, esta narrativa ignora un dato fundamental: los inmigrantes latinoamericanos representan cerca del 90 % de la población extranjera en la Península, lo que evidencia que el señalamiento responde más a una construcción política que a una realidad demográfica.

Existe además una fuerte posibilidad de que muchas de estas promesas se utilicen únicamente como herramientas de propaganda para captar votos, sin que luego se materialicen en medidas concretas. Esta hipótesis se refuerza al analizar los logros de los últimos gobiernos españoles, que han podido duplicar la economía nacional y recuperar niveles precrisis de 2008; logros que reducen los márgenes de crítica real de la oposición, dejando el tema migratorio como uno de los pocos focos de debate político.

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Ejemplos recientes en Italia y Estados Unidos lo ilustran claramente: durante su campaña, Donald Trump prometió frenar la inmigración, repatriar migrantes y congelar el Green Card, pero ninguna de estas medidas se implementó realmente. En última instancia, cualquier política migratoria está condicionada por un Parlamento que aprueba las leyes y por organismos supranacionales como la UE.

La relación con Marruecos

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Uno de los grandes temas es el posible retroceso del PP en el dossier del Sáhara. Sin embargo, la crisis de 2021 y la posterior reapertura de la frontera de Ceuta demostraron que España dispone de un margen de maniobra limitado. Incluso con un gobierno formado por fuerzas de derecha y extrema derecha, resulta difícil imaginar un giro radical que ponga en riesgo la imagen internacional del país, sobre todo tras el avance del expediente en las Naciones Unidas, respaldado por la resolución 2797, que ratifica que el plan de autonomía marroquí es la opción más realista y creíble para solucionar el conflicto. Romper con todo lo mencionado, también afectaría la colaboración con Marruecos, socio clave en la lucha contra la inmigración irregular y garante de la estabilidad en el flanco sur europeo.

Este punto es esencial: la cooperación migratoria entre Rabat y Madrid no es ideológica, sino estratégica. La derecha española, incluida una eventual coalición entre el PP y Vox, tendría que asumir que el control de los flujos migratorios depende en gran medida de la colaboración con Marruecos. Romper ese equilibrio supondría un coste político y social difícil de asumir. Marruecos no es un país cualquiera del norte de África; es un vecino que comparte fronteras terrestres y un estrecho de apenas 14 kilómetros de distancia por mar.

Las relaciones económicas

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Los intereses económicos reducen aún más el margen de maniobra de la derecha. El volumen del intercambio comercial entre ambos países alcanza cifras récord y sitúa a España como el principal socio económico de Marruecos, un récord que se mantiene desde 2012 pese al peso de las inversiones francesas en el país. Las empresas ibéricas también presionarían a cualquier gobierno para evitar un deterioro de las relaciones bilaterales. En este contexto, ni Vox ni el Partido Popular pueden permitirse una política exterior que vaya en contra de los intereses económicos españoles.

Todo ello sugiere que, más allá del ruido discursivo, una eventual llegada de la derecha al poder no implicaría un retroceso de relaciones con Marruecos, sino un uso político del tema para fines propagandísticos, tal como ocurre en otros países europeos.

En definitiva, si cayera el PSOE, España podría experimentar un endurecimiento del discurso, pero no una revolución en los hechos. Las relaciones hispano-marroquíes seguirían guiadas por la lógica de la interdependencia y la supervisión de la Unión Europea, y la cooperación estratégica con Marruecos continuaría. Por lo tanto, la comunidad marroquí en España no se vería directamente afectada en su vida cotidiana, aunque podría percibir un aumento del ruido político o de la retórica, más simbólica que real, utilizada como herramienta de propaganda.

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