Rue20 Español/El Aaiún
En la arena diplomática de la ONU, las palabras son armas, y el embajador marroquí Omar Hilale lo demostró una vez más durante la 80ª sesión de la Asamblea General.
Con una combinación de rigor argumentativo y una firme adhesión a los hechos, Hilale desmanteló la retórica argelina sobre el conflicto artificial del Sáhara marroquí; poniendo de manifiesto las contradicciones y la falta de fundamento jurídico de la postura de Argel.
El enfoque de Hilale, lejos de la confrontación, se basó en la presentación de una realidad tangible y en la invocación de documentos de la propia ONU.
Comenzó recordando que Marruecos, y no Argelia, fue el país que en 1963 llevó la cuestión del Sáhara a la agenda de la ONU, en el contexto de la descolonización. Este recordatorio histórico sirvió como contrapunto a lo que Hilale describió como «amnesia selectiva» por parte de la diplomacia argelina.
Realidad del desarrollo frente a la retórica
El embajador no se limitó a la memoria histórica. Citó la resolución 3458B de la Asamblea General, que reconoce los Acuerdos de Madrid, un documento que, según Hilale, socava el discurso argelino. El diplomático resaltó que la ONU misma ha reconocido lo que Argelia intenta negar.
En el centro del discurso de Argelia se encuentra la acusación de una «realidad impuesta» en el Sáhara marroquí. Hilale, con un análisis minucioso, invirtió esta perspectiva, presentando una imagen de desarrollo y progreso.
Describió la construcción de infraestructuras significativas, como puentes, autopistas y puertos, así como la participación activa de la población local y la creciente presencia diplomática, con 30 consulados abiertos en las ciudades del sur.
Subrayó, además, la inversión de instituciones estadounidenses en la región, un reconocimiento implícito de su estabilidad y potencial.
Iniciativa de Autonomía marroquí: Un consenso internacional creciente
El elemento central de la respuesta marroquí, la Iniciativa de Autonomía de 2007, fue reafirmada por Hilale. Recordó que todas las resoluciones del Consejo de Seguridad desde entonces han reconocido su seriedad y credibilidad, y que cuenta con el apoyo de más de 120 países, incluidas las principales potencias del Consejo de Seguridad.
Hilale puso de manifiesto la contradicción de Argelia, que, a pesar de afirmar no estar implicada, impone condiciones y exige.
«Argelia no deja de poner condiciones y de emitir exigencias. Esto solo puede hacerlo una parte interesada», afirmó, desmantelando la estrategia de doble discurso argelina.
Un llamado al diálogo y la paz
Hilale concluyó su intervención con un llamado al diálogo, citando a SM el Rey Mohammed VI y su visión de «una solución en la que no haya vencedores ni vencidos». Este enfoque, basado en el derecho y la realidad, contrasta con la postura argelina, que Hilale considera «obsoleta a la luz de los hechos».
Hilale también abordó la manipulación semántica argelina del término «descolonización». El embajador marroquí propuso una lectura actualizada y jurídicamente fundamentada del tratamiento de la ONU, recordando que el Consejo de Seguridad considera el asunto del Sáhara como una disputa regional, no como un asunto de descolonización.
Hilale también aclaró el papel de la MINURSO, la misión de la ONU en la región, situándola en su contexto adecuado. La misión es un elemento de un proceso más amplio, que ha evolucionado bajo el impulso del Consejo de Seguridad. El Consejo ha abandonado el enfoque del supuesto ‘referéndum’ en favor de una solución política mutuamente aceptable, y desde 2007, todas las resoluciones de la ONU apoyan la Iniciativa de Autonomía marroquí.
Hilale expuso la incongruencia de la postura argelina, que se autoproclama neutral pero al mismo tiempo establece las reglas del juego. Al preguntar «¿A qué título pone estas condiciones, si no es en calidad de parte interesada?», Hilale reveló la estrategia de doble discurso de Argelia.
Finalmente, Hilale tendió una mano, invitando a Argelia a abandonar la ambigüedad estratégica y a sentarse a la mesa de negociaciones.
Su llamamiento, enmarcado en el proceso de la ONU y las mesas redondas políticas, busca que Argelia asuma su papel central en la disputa. El tiempo de las evasivas, según Hilale, parece haber terminado, y ahora Argelia debe elegir entre el estancamiento y el compromiso responsable.
