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miércoles, junio 10, 2026

Le Monde y su obsesión con Marruecos: Un periodismo de clichés contra un Reino en marcha

 

Rue20 Español/Rabat

El diario francés Le Monde ha vuelto a encender las alarmas con su última «investigación» sobre Marruecos, titulada pomposamente El enigma Mohammed VI.

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En su primer episodio, publicado el 24 de agosto de 2025, el periódico parisino despliega una narrativa sensacionalista que insiste en una supuesta «atmósfera de fin de reinado», alimentada por rumores, imágenes fuera de contexto y especulaciones sobre la salud de SM el Rey Mohamed VI. Sin embargo, esta serie, lejos de ser un ejercicio de periodismo riguroso, parece más bien un capítulo reciclado de un culebrón que lleva años repitiendo los mismos clichés orientalistas y caricaturescos sobre el Reino.

Mientras Marruecos avanza con paso firme hacia la modernización, consolidándose como líder africano en industrialización, infraestructura y desarrollo social, Le Monde opta por ignorar los hechos para centrarse en una narrativa sensacionalista que vende sospechas y dramas. El país ha logrado hitos sin precedentes: es el primero en África en fabricar un millón de automóviles al año, construye el hospital público más grande del continente, proyecta el estadio más grande del mundo y se posiciona como un destino clave para inversiones estadounidenses y chinas.

Además, ha universalizado el acceso a la educación, al agua potable y ha conectado sus regiones con una red de autopistas moderna.

Marruecos no solo ha transformado su infraestructura, sino que también ha implementado un ambicioso taller de protección social, el primero de su tipo en África, garantizando servicios sanitarios y sociales a millones de ciudadanos.

Sin embargo, Le Monde parece molesto por estos avances. En lugar de analizar el impacto de estas reformas o la estabilidad de un Reino que se ha convertido en un actor indispensable en el escenario global, el diario prefiere aferrarse a una imagen anacrónica de un Marruecos presuntamente «moribundo», con un «trono tambaleante» y un monarca «exhausto».

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Esta obsesión, que algunos críticos califican de casi patológica, no es nueva. Durante años, Le Monde ha repetido el mismo guion: titulares sensacionalistas, insinuaciones sobre conspiraciones palaciegas y un enfoque que transforma detalles triviales —como una foto del rey con un bastón o su postura en una oración— en pruebas de un supuesto declive nacional.

Un periodismo de clichés frente a la realidad marroquí

Lejos de las redacciones parisinas, la realidad de Marruecos cuenta una historia diferente. Desde 1999, bajo el reinado de SM el Rey Mohamed VI, el país ha experimentado una transformación profunda.

La construcción del primer TGV africano, el puerto de Tánger Med como centro logístico mundial, la central solar Noor Ouarzazate, una de las mayores del mundo, y una estrategia hídrica pionera son solo algunos ejemplos de un Reino que no solo avanza, sino que lidera.

En el ámbito social, la reforma de la Moudawana, la Constitución de 2011 y la Iniciativa Nacional para el Desarrollo Humano (INDH) han marcado hitos en la igualdad, la gobernanza y la inclusión.

En el plano diplomático, Marruecos ha reforzado su posición con la reintegración a la Unión Africana, el reconocimiento estadounidense de la marroquinidad del Sáhara y alianzas estratégicas con Europa, Asia y el Golfo.

El plano deportivo es otro cantar. Marruecos se posiciona hoy como una potencia deportiva en África y el mundo. Su gesta en el Mundial de Catar, la organización de los grandes eventos deportivos, incluidos la Copa Africana 2025 y el Mundial 2030 con los vecinos España y Portugal, son logros difíciles de digerir de una pluma que sigue viendo a Marruecos con las gafas de la época colonial.

Estos logros, sin embargo, no encajan en la narrativa de Le Monde. El diario parece más interesado en comerciar con el drama que en informar. Sus artículos, repletos de rumores y clichés, ignoran deliberadamente la estabilidad y el dinamismo de un país que ha sabido combinar tradición y modernidad.

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En lugar de destacar la profesionalidad de los servicios de seguridad marroquíes, reconocida por países como España, Francia y Estados Unidos, o la atracción del Reino para celebridades y turistas —con 20 millones de visitantes anuales—, Le Monde opta por una caricatura que reduce el futuro de una nación de 37 millones de habitantes a especulaciones sobre la silueta del rey o el uso de un bastón.

Una fijación que roza lo absurdo

La insistencia de Le Monde en retratar a Marruecos como un país al borde del colapso no solo es desmentida por los hechos, sino que revela una agenda que parece incomodarse ante el éxito del Reino.

Ciertos sectores afiliados a la línea editorial del diario, y posiblemente a grupos opositores a Marruecos, parecen molestos por el progreso del país. Les irrita que Marruecos no se aferre a los «años de plomo» para flagelarse eternamente, que se haya convertido en un centro de atracción para inversiones y celebridades, o que lidere en sectores como la automoción y la infraestructura sanitaria y deportiva en África.

Este enfoque no es periodismo, sino una forma de «turismo literario» que comercia con estereotipos y fantasías exóticas.

Le Monde parece haber reemplazado su servicio internacional por una unidad psiquiátrica obsesionada con Marruecos, donde cada artículo recicla los mismos ingredientes: un título grandilocuente, una dosis de rumores y una pizca de drama orientalista. Este culebrón, servido con la regularidad de un metrónomo, no solo carece de rigor, sino que subestima la inteligencia de sus lectores y la resiliencia de un Reino milenario.

Marruecos avanza, Le Monde en su mundo

Mientras Le Monde se entretiene con sus profecías de un «fin de reinado», Marruecos sigue su curso. SM el rey Mohamed VI continúa liderando grandes decisiones, desde proyectos de infraestructura hasta una diplomacia activa que ha consolidado la posición del país en el mundo. No hay vacío de poder, no hay caos, solo un Reino que avanza con confianza hacia el futuro.

La verdadera pregunta no es si Marruecos sobrevivirá a las caricaturas de Le Monde, sino si el diario logrará recuperar la credibilidad perdida en su cruzada contra un país que, claramente, no comprende.

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