Rue20 Español/Rabat
En su guerra fría contra el régimen militar de Argelia, el ministro del Interior francés, Bruno Retailleau, logró empujar a su país a poner en marcha una serie de medidas para presionar al vecino sureño a aceptar de vuelta a sus ciudadanos en situación irregular, especialmente a aquellos considerados peligrosos. Así cumplió su promesa de abandonar la llamada «diplomacia de los buenos sentimientos» y apostar por una respuesta más firme.
Más de 40 miembros influyentes de la élite política, económica y militar argelina han perdido los privilegios diplomáticos que les permitían residir, desplazarse y recibir atención médica en Francia. Se espera que esta cifra alcance los 80 afectados en las próximas horas, según informa la prensa gala.
Estas restricciones forman parte de la estrategia de «riposte graduée» impulsada por Retailleau, que defiende incluso la revisión de los acuerdos de 1968, los cuales otorgan un estatus especial a los ciudadanos argelinos en territorio francés. Esta línea choca con la posición más conciliadora de Emmanuel Macron, que hasta ahora se había mostrado reacio a romper unilateralmente esos acuerdos.
La tensión entre París y Argel continúa creciendo, ya que el gobierno argelino se niega a readmitir a sus nacionales expulsados. La Policía de Fronteras francesa ha vuelto a comprobarlo recientemente, cuando un radical islamista fue rechazado en la frontera argelina. A esto se suman casos como la condena en Argelia del escritor Boualem Sansal y del periodista Christophe Gleizes, que han reavivado las críticas a la falta de resultados de la vía diplomática blanda.
Retailleau, que se reunirá con Macron en el Elíseo esta semana, intentará convencerlo de mantener el pulso con Argelia y endurecer aún más las medidas.
