Rue20 Español/Rabat
La reunión del Consejo Ejecutivo de la Unión Africana (UA) en Malabo se vio empañada por las previsibles maniobras del tándem Polisario-Argelia. Careciendo de legitimidad y de un proyecto viable, estos actores persisten en la provocación como única estrategia. Su última actuación, amplificada por la agencia oficial argelina APS, raya en lo absurdo.
El incidente, según la narrativa de la APS y su réplica, la SPS, gira en torno a la supuesta desaparición de una «bandera» del autoproclamado “rasd”. No se trata de la bandera de un Estado reconocido —ya que la “rasd” carece de estatus jurídico, territorio e instituciones reales—, sino de un simple trozo de tela sin valor protocolario, cuya instalación la propia UA omite. Hablar de «robo de bandera» en este contexto resulta, por tanto, ridículo.
La APS y la SPS acusan a «individuos descritos como pertenecientes a la delegación marroquí» de sustraer este símbolo vacío. La imagen que se pretende proyectar —agentes marroquíes en una operación comando para hurtar una reliquia propagandística— resulta grotesca. Sin embargo, en la lógica argelina, cualquier delirio puede convertirse en incidente diplomático si sirve para alimentar la ficción de la existencia de su títere.
Como es habitual, el lenguaje empleado busca impactar: «comportamiento de matón», «actitud salvaje», «violación flagrante», «agenda extranjera». Se recurre a cualquier artimaña retórica, excepto a la verdad. Tras esta inflamada verborrea se esconde una realidad ineludible: el Polisario carece de propuestas, contribuciones y futuro. Es un movimiento anclado en el resentimiento, sostenido por los petrodólares argelinos, e incapaz de existir fuera del ruido y la confrontación.
En Malabo, ninguna delegación seria se prestó a esta comedia. Contrariamente a las fantasías difundidas por la APS, no hubo suspensión de las sesiones ni indignación colectiva. Se trató de una tormenta en un vaso de agua, orquestada por quienes solo pueden subsistir en la agitación y el conflicto. El Polisario no es más que un pretexto diplomático agotado, utilizado por un régimen argelino obsesionado con Marruecos.
La raíz del problema reside en la incapacidad de Argel para aceptar su aislamiento continental. El régimen argelino parasita las reuniones de la UA con sus viejas obsesiones, imponiendo una ficción a los Estados africanos, cada vez más numerosos, que reconocen la plena soberanía de Marruecos sobre su Sáhara.
Mientras Marruecos impulsa iniciativas de desarrollo, fortalece las alianzas Sur-Sur y trabaja por la estabilidad regional, el dúo Polisario-Argelia se aferra a una postura anacrónica. El viento ha cambiado en África. El continente mira hacia el futuro, hacia las inversiones y los proyectos concretos. Ya no hay tiempo para marionetas sin voz ni hilos, manipuladas por un régimen que se niega a pasar página.
