Rue20 Español/El Aaiún
Más cerca del final en el conflicto del Sáhara. Así tituló el Instituto Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada su análisis publicado el miércoles pasado, en el que destacó el rol de Estados Unidos —especialmente bajo la nueva administración de Donald Trump— como agente clave para desbloquear el conflicto del Sáhara. La tesis central es clara: el inicio del fin del conflicto, y ese fin estaría marcado por la presión diplomática, económica y estratégica sobre Argelia, con un respaldo incondicional a Marruecos, cuya «propuesta de autonomía es la única base para una solución creíble y viable».
El estudio del instituto ibérico comienza con el regreso de Trump a la presidencia, describiéndolo como un viraje geopolítico que busca cerrar las páginas de este expediente bajo sus propios términos, priorizando la estabilidad y los intereses norteamericanos. Estos apuestan por el Reino como socio estratégico en África.
El análisis identifica a Argelia como el principal obstáculo para resolver el conflicto del Sáhara, señalando que se encuentra ante una encrucijada: ceder ante la creciente presión internacional liderada por Estados Unidos o enfrentarse al aislamiento geopolítico. Según el informe, Argelia mantiene una postura intransigente que ya no encuentra respaldo significativo en el nuevo equilibrio global.
El estudio mencionó también la amenaza de criminalización del Frente Polisario como organización terrorista, lo que provocaría una deslegitimación total del movimiento separatista. De esta manera, se cerraría cualquier vía política que no pase por la soberanía marroquí sobre el Sáhara.
Subrayando el creciente peso de Marruecos dentro de su entorno regional, el análisis recalcó que el Reino ya no es solo un país del Magreb, sino un eje geoestratégico africano, especialmente para las políticas de seguridad, comercio y control migratorio de Occidente. Es más, lo presentó como una plataforma de estabilidad y proyección económica para EE. UU. y sus aliados.
El Instituto Coordenadas resaltó que la resolución del conflicto del Sáhara es una prioridad estratégica para Estados Unidos, no solo por motivos políticos, sino también económicos y geopolíticos. “La región del Sahel, rica en recursos como uranio, oro y tierras raras, es clave para las cadenas de suministro globales. Washington ve en la estabilización del Sáhara una vía para asegurar el acceso a estos recursos, frenar la influencia de potencias rivales como China y consolidar su presencia en un continente con un enorme potencial de crecimiento”.
El instituto español planteó un escenario en el que Marruecos emerge como el ganador lógico e inevitable del conflicto del Sáhara, con Estados Unidos desempeñando el papel de actor legitimador clave en el nuevo orden geopolítico regional. En este relato, Argelia y el Frente Polisario aparecen como entidades en declive, atrapadas en una dinámica de aislamiento político y diplomático. Europa, por su parte, se ve emplazada a tomar una decisión estratégica: alinearse con esta nueva realidad liderada por Washington o resignarse a una posición de creciente irrelevancia en los asuntos del norte de África.
En general, el análisis ofreció una lectura clara, estratégica y bien fundamentada sobre los intereses reales de las grandes potencias, reflejando cómo se reconfiguran los equilibrios geopolíticos en África y el Sahel.
Como conclusión, la visión del Instituto Coordenadas favorece claramente a Marruecos y empuja a la comunidad internacional —especialmente a Europa— a adaptarse a un nuevo paradigma liderado por EE. UU., bajo una lógica de realpolitik.
