Rue20 Español/Madrid
La euforia por la histórica coorganización del Mundial 2030 entre Marruecos, España y Portugal se ve empañada por la controversia política.
La Izquierda Republicana de Cataluña (ERC) ha presentado una proposición no de ley en el Congreso español que «pone en duda la idoneidad de Marruecos como sede»: argumentando «la penalización de las relaciones homosexuales en el país».
Esta iniciativa, impulsada por los diputados Francesc Marc Álvaro Vidal, Jordi Salvador i Duch y Etna Estrems Fayos, insta al gobierno español a presionar a la FIFA para que «reconsidere la participación marroquí y, de igual forma, la designación de Arabia Saudita para la edición de 2034, a menos que ambos países ofrezcan garantías sobre derechos humanos y condiciones laborales». Exigen que España garantice el respeto a los derechos humanos durante el evento.
La proposición de ERC evoca las críticas dirigidas a Catar en 2022, donde se cuestionó la celebración del Mundial por motivos similares.
Analistas señalan un paralelismo en la estrategia, que instrumentaliza legítimas preocupaciones sobre derechos humanos para fines políticos.
En esta ocasión, Marruecos se encuentra en el punto de mira, precisamente cuando consolida su posición como actor clave en la diplomacia deportiva y regional, reconocido por su capacidad organizativa y la solidez de su alianza con España y Portugal.
La iniciativa independentista catalana ha sido calificada de oportunista, buscando capitalizar debates identitarios para ganar visibilidad en el panorama político español.
Algunos observadores apuntan a que la ERC, en declive, utiliza temas divisivos como estrategia para recuperar terreno, poniendo en riesgo un proyecto deportivo de gran envergadura.
El momento elegido para la proposición, apenas meses después del anuncio oficial de la coorganización, refuerza la percepción de una maniobra política que busca desestabilizar la cooperación entre los tres países.
El discurso de ERC, centrado en la defensa de las minorías, se percibe como parte de una tendencia a escrutar con lupa a países no occidentales en la organización de grandes eventos deportivos, a menudo con una visión unilateral que ignora las dinámicas internas y la evolución social de cada nación.
Marruecos, por su parte, mantiene el foco en la organización de un Mundial ejemplar, acorde con su proyección internacional. El Reino reafirma su compromiso con sus aliados y su creciente influencia global, priorizando la cooperación y minimizando el impacto de las disputas políticas coyunturales. Confía en que la solidez de los intereses mutuos y las transformaciones geopolíticas prevalecerán sobre estas tensiones.
