Rue20 Español/Rabat
Rabat se transforma estos días en un vibrante cruce de lenguas, culturas e historias, y entre los numerosos pabellones del Salón Internacional de la Edición y el Libro (SIEL 2025), hay uno que late con fuerza especial: el de España. Con una programación rica y plural, el stand español ha convertido la literatura en un lenguaje común que une orillas, épocas y sensibilidades.
Durante el primer fin de semana del Salón (19 y 20 de abril), los niños —los verdaderos protagonistas de las mañanas más ruidosas del SIEL— se adentraron en un universo mágico gracias al espectáculo «El mundo maravilloso de Don Quijote», interpretado por el grupo Trotacuentos y adaptado al árabe dialectal marroquí. En los rostros de los pequeños, sorprendidos y risueños, revivían las hazañas de un caballero loco que sigue cruzando fronteras con su lanza hecha de palabras.
Pero la presencia de España no se detiene en lo infantil ni se limita al homenaje al ingenioso hidalgo. El lunes 21, por ejemplo, Casa África mostrará sus esfuerzos por construir puentes culturales entre España y el continente africano, mientras que el martes 22 se rendirá tributo al gran traductor Federico Arbós, un hombre que supo tender puentes entre el español y el árabe con la misma precisión con que otros traducen entre almas.
La participación española en el SIEL es, en sí misma, un manifiesto. Una afirmación viva de que los libros —como los barcos de antaño— siguen siendo vehículos de descubrimiento, mestizaje y diálogo.
Con espectáculos, recitales, mesas redondas, cuentos bilingües e incluso magia, el pabellón español no vende un país, sino una idea: la de un pasado compartido y un futuro que se escribe a dos manos.
Mientras Rabat acoge este diálogo de culturas y generaciones, uno no puede evitar pensar que, entre libro y libro, España y Marruecos siguen escribiendo su propia novela. Y que en cada lector que se detiene, escucha y sonríe, hay un capítulo nuevo por descubrir.
