El desengaño de un exmilitante del Polisario: Súplica para regresar a Marruecos

 

Rue 20 Español/El Aaiún

El testimonio de Sidi Mohamed Alouate, exmilitante del Polisario, ha sacudido los cimientos de la narrativa separatista. Su historia es la de muchos saharauis que, después de años de lealtad, descubren que han sido utilizados como piezas de un engranaje que solo beneficia a la cúpula del Frente. «Me tomaron en carne y me dejaron en huesos», lamenta Alouate en un mensaje donde desvela la cruda realidad que enfrentan los disidentes: marginación, traición y abandono.

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Su trayectoria en el movimiento separatista estuvo marcada por promesas incumplidas. Desde la ilusión de recibir apoyo hasta la esperanza de un futuro mejor en Europa, cada una de sus expectativas se desmoronó al chocar con la realidad. Al verse relegado al olvido, intentó huir hacia Argelia, solo para encontrar un escenario aún más hostil, donde la indiferencia y la desesperación se convirtieron en su día a día.

El caso de Alouate es sólo un reflejo más del agotamiento de muchos saharauis atrapados en la maquinaria del Polisario. Decenas han escapado de los campamentos de Tinduf o han abandonado el activismo separatista, al darse cuenta de que el “ideal” por el que luchaban no es más que una herramienta de manipulación. En su mensaje, Alouate denuncia la corrupción y el abuso de poder dentro del Polisario, lanzando, al mismo tiempo, un llamamiento a los que aún creen en sus promesas: «Despierten, la farsa ha terminado».

La marginalización de quienes cuestionan la autoridad del Polisario no es un fenómeno nuevo. Desde la llegada de Brahim Ghali a la dirección en 2016, las purgas internas han sido constantes, favoreciendo a la tribu de los Rguibates y excluyendo a otras, como la de Alouate. Aquellos que no encajan en la estructura tribal dominante son apartados y, en muchos casos, perseguidos con acusaciones infundadas de espionaje o traición.

El desenlace de su historia es un testimonio más de la descomposición del Polisario. Exiliado en Mauritania, sin acceso a su familia en Smara y El Aaiún, Alouate suplica ayuda para regresar a Marruecos y rehacer su vida. Su grito de desesperación es un capítulo más en el colapso moral de un movimiento que, lejos de representar los intereses de los saharauis, se ha convertido en una estructura cerrada, corrupta y sostenida por el clientelismo tribal.

El Polisario, que alguna vez vendió una causa, hoy solo ofrece desilusiones. Y el eco de la voz de quienes escapan de sus filas es cada vez más fuerte.

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