Rue20 Español/ Dajla
El Frente Polisario ha construido su narrativa sobre una premisa inamovible: la representación exclusiva y única del “pueblo saharaui”. Sin embargo, las declaraciones recientes de Hach Ahmed Bericalla, secretario general del Movimiento Saharaui por la Paz (MSP), ponen de manifiesto una realidad que el Polisario se niega a reconocer: su influencia se ha erosionado hasta niveles insostenibles.
Bericalla, ex alto cargo del Polisario y ahora líder de un movimiento que aboga por una solución pacífica e inclusiva, ha sido categórico: en unas elecciones libres, el Polisario obtendría menos del 10% de los votos. Esta afirmación no es producto de la especulación, sino de un diagnóstico claro de lo que ocurre en los campamentos de Tinduf, donde la población ha sido relegada durante décadas a la espera de un horizonte político cada vez más incierto.
La crisis del Polisario se ha acentuado tras la intervención marroquí en Guerguerat en noviembre de 2020. Lejos de materializar sus promesas de resistencia armada, el Polisario ha sido testigo de la pérdida progresiva de sus llamados «territorios liberados» al oeste del Muro de Defensa marroquí. Este episodio marcó un punto de inflexión: el mito de la victoria militar quedó sepultado bajo el peso de la realidad geopolítica.
La propuesta de autonomía presentada por Marruecos y respaldada internacionalmente –incluyendo por Washington bajo la administración Trump– ha cambiado el paradigma. En este contexto, el MSP se presenta como una alternativa viable, que busca un acuerdo realista y pragmático. «Apoyamos los esfuerzos de la ONU, pero después de 40 años sin avances, es momento de explorar soluciones concretas», expresó Bericalla. Sus palabras evidencian el cansancio de una parte significativa de los saharauis de Tinduf, que ven en la intransigencia del Polisario un obstáculo más que una esperanza.
En su tercer congreso celebrado en Canarias, el MSP logró atraer figuras destacadas de la política española, como José Luis Rodríguez Zapatero y José Bono, ambos del PSOE. Este respaldo es una señal clara de que los tiempos están cambiando y de que el discurso monolítico del Polisario ha dejado de ser incuestionable. La comunidad internacional comienza a escuchar otras voces saharauis, aquellas que piden una solución realista en lugar de consignas vacías.
El problema del Polisario radica tanto en su pérdida de credibilidad como en su incapacidad para adaptarse a los nuevos tiempos. Su liderazgo continúa aferrado a una retórica caduca, mientras la realidad sobre el terreno cambia de forma acelerada. Cada día más saharauis exploran una vía política alternativa, convencidos de que prolongar el conflicto solo traerá más sufrimiento.
El verdadero interrogante es cuándo el Polisario reconocerá la pérdida de su hegemonía política. La historia muestra que los movimientos que se resisten al cambio terminan quedando al margen. En este caso, la transformación ya está en marcha.
