Rue20 Español/Madrid
Miguel Ángel Moratinos*
Así solía despedirse de mí cada vez que teníamos un encuentro o una visita. Sí, hoy me despido de ti de nuevo. Esta vez es una despedida más dolorosa y extremadamente triste. Menos mal que nuestra larga amistad, más de tres décadas, me alimenta con un sinfín de recuerdos, de memorias vivas, de experiencias compartidas. Todas ellas permanecen muy presentes en mi vida y me ayudaran a recordarte con el mismo afecto y admiración que siempre tuve hacia tu persona.
Nos conocimos hace más de treinta años. En aquel entonces tú ya eras ministro de Cultura del Reino de Marruecos. Por mi parte, yo había regresado de mi misión diplomática en tu país y me ocupaba del Norte de África en el Ministerio de Asuntos Exteriores de España. Tuvimos una serie de buenas conversaciones. Enseguida entendimos que nos llevaríamos bien y que esta relación de confianza beneficiaría al futuro de las relaciones entre nuestros dos países.
Es cierto que nuestra amistad se construyó de manera sólida a raíz de mi nombramiento como ministro de Asuntos Exteriores de España. En aquel momento tú ya llevabas bastantes años dirigiendo la diplomacia marroquí. Enseguida comprendimos que nos correspondía, como jefes de la política exterior de nuestras dos naciones, asumir la tarea de reconstruir la relación bilateral con seriedad, amistad y responsabilidad. Creo que lo logramos. El nuevo gobierno español del año 2004 tenía como una de sus prioridades esenciales reconstruir sus relaciones con su vecino del sur. Las relaciones bilaterales habían sufrido seriamente en los últimos años y se vieron enfrentadas a varias crisis serias. Se había perdido, sobre todo, la confianza entre las dos administraciones. Recuerdo que me invitaste a acudir a tu festival de verano en tu localidad nativa y de la que eras además alcalde desde hacía más de treinta años: Asilah. Recuerdo la llegada al centro de la conferencia. La gente aplaudía y mostraba su satisfacción ante la presencia de la nueva delegación ministerial española. La acogida y la hospitalidad tradicional marroquí se multiplicó por mil en aquella ocasión. Desde esa participación en 2004 no falté un solo año, salvo en 2022, al foro que has venido organizando durante más de cuarenta años.
Asilah era tu ciudad natal, donde cursaste tus estudios de primaria y secundaria, en ese “Colegio El Pilar” que te enseñó las costumbres y tradiciones españolas. Todo ese aprendizaje nunca te abandonó. Se incrustó en tu profunda identidad marroquí.
Hoy podemos decir sin equivocarnos que si hay un ministro en la historia de Marruecos que haya sido hispanófono e hispanófilo, ese eres tú. Tu vida está salpicada de muchos recuerdos de acciones relacionadas con España, hasta incluso la posibilidad de poder seguir tus estudios en El Cairo, ya que fue un embajador de España en esa capital quien te facilitó la documentación oficial necesaria para poder viajar y residir en aquel país.
Son muchas las anécdotas, experiencias y momentos que se fueron cruzando en nuestras vidas personales y profesionales. Hoy no es el momento de recordar todas ellas, pero sí el de resaltar tu inestimable contribución a la mejora de las relaciones hispano-marroquíes.
Tuviste el privilegio y el honor de servir a los dos últimos soberanos de tu país. Llegaste a esa posición por decisión de ambos, pero también gracias a tu trabajo previo, tu capacidad de arriesgar y de proponer soluciones imaginativas, y de ser en todo momento fiel a tus superiores y a tu país. Modernizaste la diplomacia marroquí, y eres conocido y admirado en África, Oriente Medio, Latinoamérica y Europa. Hubo un antes y un después del paso de Mohamed Benaissa por el ministerio de Asuntos Exteriores de Marruecos.
Juntos tuvimos que superar pequeñas crisis, pero las relaciones siempre salieron reforzadas de las mismas. Nuestra misión esencial era la de establecer una confianza mutua que pudiera servir de red de seguridad ante cualquier problema que pudiera surgir entre vecinos. Recuerdo como nos enfrentamos a la crisis migratoria de los años 2007-2008. Gracias a un “Iftar” en tu casa de Rabat, supimos convertir una crisis en una oportunidad. La conferencia africana de Rabat concluyó exitosamente y su declaración sigue hoy viva. Los actuales responsables políticos deberían leerla más y, sobre todo, aplicarla en su totalidad. Estoy seguro de que los resultados serían mejores.
Me abriste las puertas a África gracias al foro de Asilah y a tu saber hacer. Conocí a un número muy relevante de interlocutores subsaharianos. Encontré en tu casa la llave para resolver un largo y dramático secuestro que sufrieron varios cooperantes españoles en Mauritania. Y además aprendí la sabiduría y el buen hacer de colegas de Oriente Medio y del continente africano.
El foro de Asilah era para mí una cita obligada. Siempre dije en público que era más importante e inspirador que cualquier otro foro internacional, incluido Davos.
Fue precisamente el pasado mes de octubre la última vez que te vi en tu foro, en tu ciudad. En tu casa, mantuvimos como siempre un diálogo profundo, respetuoso, enriquecedor, que como siempre terminó tarde en la noche, degustando -como era habitual- las delicias de la cocina marroquí, acompañados de tu querida esposa Leila y de intelectuales árabes poco conocidos en Occidente, pero brillantes y modestos en sus análisis sobre la situación de nuestro mundo.
Como en anteriores ocasiones me dijiste: “adiós, amigo”. No sabía yo que esta sería la última vez que nos veríamos en Asilah. Descansa en paz. Nosotros seguiremos buscando la paz con tu legado y tu inspiración.
Tu amigo y hermano,
*Miguel Ángel Moratinos, exministro de Asuntos Exteriores de Cooperación de España y actualmente Alto representante para la alianza De civilizaciones en las Naciones Unidas.
