Rue20 Español/ Rabat
Las recientes declaraciones de François Bayrou, primer ministro francés, han puesto sobre la mesa una crítica directa e incisiva al régimen argelino, cuestionando su cumplimiento de los acuerdos firmados en 1968 entre ambos países. Bayrou, al afirmar que “vamos a pedir al gobierno argelino la readmisión de un cierto número de personas que, hasta ahora, no han sido aceptadas en este regreso. Y después, si no hay respuesta al final del camino, no hay duda de que se trata de la denuncia de los acuerdos de 1968, que sería la única salida posible”, ha dejado claro que el respeto mutuo en base a estos acuerdos es innegociable.
Este ultimátum refleja el creciente malestar de Francia, ya que la negativa de Argelia a recibir a sus propios ciudadanos expulsados de Francia ha generado no solo una crisis migratoria, sino también un conflicto diplomático serio entre ambos países. Bayrou destacó que “la situación sobre los OQTF (obligaciones de abandonar el territorio francés) es inaceptable. No podemos aceptar que esta situación continúe”, refiriéndose al caso reciente del atacante de Mulhouse, un ciudadano argelino bajo OQTF que había sido rechazado en múltiples intentos de expulsión. Este hecho resalta la compleja situación de los acuerdos y su incumplimiento por parte de Argelia.
La postura de Bayrou refleja una creciente frustración por parte del gobierno francés ante la actitud del régimen argelino. El primer ministro señaló que “entre dos países soberanos, dos gobiernos responsables, los acuerdos deben ser respetados”, subrayando que la solución al conflicto radica en que ambos gobiernos cumplan con lo pactado. “Esta situación no puede continuar si los acuerdos no son respetados”, insistió Bayrou, advirtiendo que, en caso de no haber respuesta, la única solución sería la denuncia de dichos acuerdos.
Además, las críticas hacia Argelia se agravan con la situación de Boualem Sansal, un escritor franco-argelino encarcelado en Argelia, lo que ha generado preocupaciones adicionales sobre los derechos humanos y las libertades fundamentales, en un contexto ya de por sí tenso. Sin embargo, Bayrou insistió en que “no hay voluntad de escalada ni de sobrepasar los límites”, pese a la firmeza de sus demandas.
La diplomacia francesa, a pesar de su firme postura, ha sido generalmente reacia a aplicar medidas duras. A pesar de las presiones internas, Macron ha evitado hasta ahora renegociar los acuerdos, señalando que no siempre las herramientas más duras son las que producen resultados. Sin embargo, con la creciente inestabilidad, Francia se ve obligada a cambiar de enfoque, advirtiendo que si Argelia no cumple con lo pactado, los acuerdos perderán su validez.
La pelota está ahora en el campo de Argelia. Su respuesta determinará si la diplomacia entre ambos países se mantiene intacta o si, por el contrario, se abre una nueva era de tensiones y conflictos irreparables.
