Tetuán 1860-1862: El enfrentamiento de dos modelos urbanos

Nasser Akalay: la cultura colonial impuso su propia memoria legitimadora, representada por un nuevo sistema de signos y proclamó valores e ideas "superiores" reiterados en el momento de las ceremonias patrióticas de conmemoración.

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Rue20 Español/ FEZ

 

Mustafa Akalay Nasser

 

El urbanismo ibérico conquistador o vencedor hace su aparición en el norte de Marruecos, a partir de la ocupación por las tropas españolas de la ciudad de Tetuán de 1860 a 1862, y a raíz de la guerra hispano-marroquí conocida bajo el nombre de la “guerra de África”.

 

En febrero de 1860, el Sultán pide la paz, pero los españoles proclaman “la plaza de Tetuán” y su provincia propiedad de la Corona como lo viene requiriendo la tradición desde la conquista de América Latina. Tácitamente pues, estos territorios, nuevamente conquistados, pertenecen a la propiedad de la reina Isabel II, la primera interesada en esta empresa colonial y para formarse una clara idea de ello bastará recordar su gesto al ofrecer sus joyas para el tesoro de guerra: “Que se vendan todas mis joyas, si es necesario al logro de tan santa empresa, y que se disponga sin reparo alguno de mi patrimonio. Disminuiré mi fasto: una humilde cinta brillará en mi cuello mejor que hilos de brillantes, si éstos pueden defender la honra de España”.

 

La puesta en marcha de medidas administrativas y militares, en particular la constitución de un poder municipal y de una organización militar, es acompañada también de medidas urbanas. El papel del Estado Mayor es decisivo en la conquista urbana de Tetuán. Los ingenieros militares se ocupan de hacer del lugar una fortaleza, de estudiar y de proponer transformaciones en la vieja ciudad. A este efecto, semanas tras la ocupación, se elabora un plano a escala de 1/200 con una leyenda explicativa acerca de las diferentes intervenciones a efectuar en la medina y es levantado por dos oficiales de la ingeniería, el capitán José Strauch y el teniente Antonio Luceño.

 

La plaza de armas, instrumento de dominación colonial

 

Una de las primeras decisiones referentes a la medina es la creación de una plaza de armas en una zona central de la ciudad de la familia andalusí los Lucas o Lukax conocida como el Feddan, explanada en la que se celebraba el mercado.

 

La lectura del plano de la época nos informa con precisión acerca de la topografía del lugar. Se trata de una gran plaza de unos 300 pies aproximadamente de largo, de este a oeste; y de unos 240 pies aproximadamente de ancho, de norte a sur. Debía ser de forma rectangular si no fuera por uno de sus lados en forma de arco circular en el ángulo noroeste. Todo su lado norte está en cuesta, El resto de la explanada está bien nivelado. Esta Plaza de España orgullo de las fuerzas de ocupación, es inaugurada en gran pompa el mismo día de la misa solemne oficiada por el franciscano Sabaté en la iglesia “Nuestra Señora de las Victorias”, nombre del primer templo cristiano edificado antaño en Orán por el Cardenal Cisneros”, tal y como lo describe Pedro Antonio de Alarcón en su diario de un testigo de la guerra de África:

 

El padre Sabaté pronunció un gran sermón en presencia de las autoridades militares y de los capellanes. Tras la ceremonia, las tropas, enfiladas en la Plaza de España, presentaron las armas cuando apareció el general O’Donnell, duque de Tetuán, seguido de generales de la armada cada uno precediendo su estado mayor. Una multitud inmensa rodeaba los soldados”.

 

En el mismo periodo, otras plazas son abiertas en el mismo corazón de la antigua ciudad tales como: La plaza de Sevilla, en homenaje al batallón de infantería de la ciudad andaluza, la plaza de Pamplona, en homenaje al regimiento de la capital de Navarra, Pamplona, y la plaza del Teatro donde se edifica el teatro de madera Isabel II.

 

Conviene precisar el significado dado al término “plaza”, en 1860, en una ciudad como Tetuán. Se trata generalmente de espacios libres, sin planificación alguna y con carácter precario. De este modo, Rarsa Kebira, antiguamente atractiva huerta de una familia andalusí (los oulad Solimán), es una especie de gran patio (casi rectangular) donde se amontonan construcciones con techos planos, y que suelen ser tiendas o emparrados, se convierte en lugar de reunión: “plaza de Sevilla”. En cuanto a Souk el Hout (pescadería), es una calle comercial donde están instalados ultramarinos, alfareros y hojalateros. Tiene forma de placeta y corrió la misma suerte que Rarsa El Kebira convirtiéndose en “Plaza de Pamplona”. Sin embargo, la “Gurna” (antiguamente matadero), se transforma en un paseo, “Plaza del Teatro”. Dicho lo cual, estas plazas ejecutadas por ingenieros del ejército no tienen ninguna comparación con las del sistema de “Plazas Mayores” erigidas en España por los reyes católicos días después de la Reconquista. La ampliación y la rectificación de las calles de la medina de Tetuán a través de la creación de plazas correspondieron verdaderamente a la apertura de la ciudad ocupada, a la violación de su estructura laberíntica por la línea recta y la geometría.

 

La apertura técnica y militar de la medina derivada de una lógica de dominio, percibida por el nativo como introducción masiva del impuro y del sacrilegio en lugares donde el espectáculo de los comportamientos coloniales reemplazó en lo sucesivo a las prácticas y a los rituales colectivos musulmanes. La estructura de la ciudad colonizada, incorpora una memoria antigua y depende ante todo de sus orígenes, fue mutilada por los dispositivos de la técnica, de la representación y del poder de la sociedad colonial. Reclamándose de una modernidad civilizadora y salvadora, la cultura colonial impuso su propia memoria legitimadora, representada por un nuevo sistema de signos y proclamó valores e ideas «superiores» reiterados en el momento de las ceremonias patrióticas de conmemoración.

 

Las transformaciones de la medina de Tetuán han sido efectuadas con el fin de adoptar el tejido «extranjero», percibido como hostil hacia la cultura y hacia la imagen urbana que los nuevos ocupantes querían atribuirse. Ya presentada desde hace tiempo por la tradición descriptiva española (relatos de viajeros españoles) como la ciudad opaca y cerrada por excelencia, sin orden ni seguridad, sin aire ni luz, la medina de Tetuán les sirvió a la vez de argumentación y de banco de pruebas a las múltiples técnicas de visibilidad y de transformación de su forma «peligrosa«. La apertura forzada de la estructura laberíntica de la medina es aún más significativa la de Tetuán, por ejemplo, la ubicación de la plaza de armas que glorificaba y conmemoraba, en cierto modo la conquista de la ciudad islámica por el ejército vencedor de la guerra de África, corresponde al mismo lugar que su zoco de trigo o Feddan.

 

Como la plaza pública remite en la tradición europea a la figura de la apertura al mundo, su superposición sobre una configuración eminentemente íntima y sagrada de la medina, corresponde manifiestamente al asalto brutal de las formas de esta última, a la voluntad de vaciarla de sus mitos y de sus sentidos. La plaza se identifica con la ciudad colonial. Es su centro simbólico y su centro activo. La representa y asume la casi totalidad de sus funciones. Es, pues, un punto de referencia privilegiado. En general no se puede hablar de plaza mayor en las ciudades musulmanas. Los estudios han señalado que, en el Ándalus, por ejemplo, la plaza mayor es muy rara. La verdad según el hispanista francés Ricart es que esta estructura urbana no corresponde a la visión del mundo con que el musulmán configura su ciudad. En efecto para él, el lugar de reunión no es la plaza sino la mezquita, es donde se desarrolla la vida política y social.

 

En la misma época, otras modificaciones urbanas son llevadas a cabo en diversos puntos de la medina bajo la dirección del ingeniero Eguía. Se hace mayor hincapié en el aspecto exterior de varias viviendas y, por último, se dan nombres españoles a las calles, travesías y callejones. De este modo, por razones militares, varios edificios son demolidos y, sobre los terrenos liberados, se abren arterias que confluyen hacia la “Plaza de Sevilla”. Desde esta plaza se abren camino cuatro calles: una hacia la puerta de la Reina (antiguamente Bab El Oqla) y las otras tres hacia la plaza de España, la puerta de la Victoria (Bab El Mqabar) y la puerta de San Fernando (Bab Sidi Saïdi).

 

Un importante número de casas contiguas a las murallas son destruidas para permitir una óptima visibilidad desde las fortificaciones, callejuelas se ven transformadas en calles, calles ensanchadas, y su longitud está calculada en función de los movimientos de tropas. Se modifican los pasajes abovedados, los salientes y los voladizos de manera a facilitar el paso de la caballería y de sus armas. Para romper con la desnudez y la austeridad de las fachadas, se abren ventanas y balcones, según el gusto europeo, modificando de esta forma el aspecto exterior de varias viviendas.

 

A la furia destructiva el derribo de casas y taladro de árboles que las autoridades españolas se vieron obligadas a hacer durante la ocupación de Tetuán, cuando unos y otras obedecieron meramente a razones militares o a motivos de ornato y salubridad, En otro párrafo relata el mismo autor multitud de hechos que da como ciertos, y que tienden a probar la falta de caridad de las fuerzas españolas y los malos tratos que dice infligieron a los musulmanes.” “ocupóse O´Donnell de la urbanización de Tetuán, modificando al estilo de las construcciones al adaptarlas al plan peculiar de los cristianos en sus ciudades; derribó lo que no concordaba con su proyecto, separando de los muros de las ciudades las casas, en forma que todas las que entonces existían unidas a las murallas desaparecieron” (Dixit Nasiri Eslaoui Ahmed, Kitab Elisticsá).

 

Para atender a la defensa de la medina se ejecutaron importantes obras en diferentes puntos del recinto, como, por ejemplo, tambores abaluartados a la izquierda de la puerta del Cid y en todos los ángulos salientes y frentes largos, con el fin de que pudiesen cruzar los fuegos; obras de protección en torno a cada fuerte para defenderlos tanto de los ataques exteriores como de los que pudiesen ser intentados desde el interior de la población; derribo de cuantas construcciones impedían la visibilidad desde las fortificaciones, aspilleras en todas la murallas y en éstas anchas banquetas que permitiesen cómodamente a sus defensores deslizarse.

 

Tras la ocupación manu militari de Tetuán en 1860, todas las estructuras y dinámicas tradicionales del Marruecos precolonial quedaron profundamente alteradas. El desmantelamiento de los comportamientos colectivos y los lazos de pertenencia. La colonización, con su panoplia de técnicas (urbanas, culturales, administrativas, etc.), estuvo particularmente decidida a socavar los cimientos del ethos de la sociedad musulmana al tiempo que depositaba en ellas estructuras materiales y mentales exógenas. Manifestada a través de fenómenos específicos de destrucción y reconstrucción de los marcos espaciales; la colonización fue implementada por la violencia conquistadora que marcó incansablemente el sacrificio de las formas sociales “indígenas” en el altar de una nueva modernidad de conquista.

 

La ciudad colonial estuvo condicionada por el trazado estratégico de las nuevas vías de comunicación a partir de las cuales se distribuyeron los dispositivos de racionalización de flujos y medios, de control social y de representación ideológica de una nación extranjera.

 

La aplicación del principio de la tabula rasa y el «enmascaramiento» de los edificios de la calle La luneta mediante fachadas de estilo ecléctico, por un lado, el ensanchamiento y rectificación de las calles con la creación de plazas, por otro lado, han verdaderamente correspondido a la apertura sistemática de la medina, a la violación de su estructura íntima, a la alineación de sus espacios, así como al establecimiento de símbolos de un nuevo discurso ideológico. A través de transformaciones radicales de espacios, una especie de inversión aplicada particularmente a su entorno memorístico, despojándolo al mismo tiempo de sus contenidos simbólicos, míticos y mágico-religiosos. A través de la implementación de reglas de disociación y desorientación, esta transformación tendió así a separar a los autóctonos de sus estructuras identitarias con el objetivo previsto de su españolización. Así, si nos remitimos a los textos árabes de la época, la apertura técnica y moderna de la medina procedió de un mecanismo percibido por el nativo como una introducción masiva de impurezas y profanaciones en lugares donde la vanidad colonial del espectáculo ha sustituido ahora a prácticas y rituales colectivos islamizados. La forma de la ciudad preexistente, que incorporaba una larga memoria y remitía a un mito de los orígenes, fue mutilada por los dispositivos de representación y poder de la sociedad colonial que se presentaba como modelo a reverenciar. Reivindicando una misión “civilizadora”, España impuso su propia memoria legitimadora, representada por un nuevo sistema de símbolos y emblemas, y proclamando valores e idealessuperiores” reiterados durante actos propagandísticos de conmemoración.

 

Desde el punto de vista religioso, la ideología que orienta la acción de las tropas españolas en el proceso de conquista y ocupación de la villa de Tetuán se expresa en una determinada idea de guerra entre el islam y el cristianismo, tal como lo señaló el historiador jerezano Tomás García Figueras en la paz Grande de una guerra chica:

 

(…) La empresa de África se montó artificialmente para servir un objetivo interior, lograr la unión efímera de los españoles en torno a una empresa exterior y vestir a ésta con todo el aparato de una tradición que resultaba ya sin eficiencia. La Reina doña Isabel ofreció sus joyas en gesto paralelo al que se atribuye a la gran Reina, sin comprender cuántas y cuán varias distancias de otro orden debían ser guardadas. En Tetuán, una mezquita se transformaba en iglesia católica para el culto de nuestra señora de las victorias, visando así el gesto del cardenal Cisneros en Orán y olvidando también cuánto habían variado las circunstancias. Se quiso dar a la guerra un carácter de cruzada religiosa, de lucha entre el Islam y el Cristianismo, de la Cruz y la media luna, de guerra al infiel marroquí, porque el sentido religioso, tan arraigado en el español, aunque sea bajo formas tan originales y a veces tan extrañas, permitiría que se inflamara el entusiasmo del pueblo, tarea fácil de lograr en los españoles, pero que lleva consigo el peligro de desviación hacia el patrioterismo infecundo y , sobre todo, lo fugaz y muchas veces estéril de su duración (…).

 

Al analizar los proyectos y los discursos descriptivos y prescriptivos sobre la antigua ciudad, hemos identificado el principio de la doble separación étnica y religiosa que refuerza la idea de la especificidad del urbanismo colonial como ordenamiento del caos que ella representa. La ciudad colonial que fue su producto, saturada de prohibiciones, nos remite así no sólo a las apuestas capitalistas y al consenso ideológico de las élites burguesas y religiosas al servicio de las cuales se había desarrollado un nuevo saber urbanístico, sino también a esta relación de alteridad en la que las dos sociedades se han rediseñado.

 

Mustafa Akalay Nasser, director de Esmab UPF Fez.

 

 

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