La crisis hispano-marroquí: del Hospital de España al Palacio de Marruecos 

Al fin y a la postre, el gran perdedor ha sido Ghali, quien ha ido a España por la lana y ha vuelto a Argelia trasquilado

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Rue20 Español / Sidi Kacem 

 

Mohamed Charbi 

 

El presunto líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, entró a hurtadillas a España el pasado mes de abril de 2021 para hospitalizarse allí. Luego, recibió la atención médica, abandonó el hospital, y dejó tras sí una enfermedad diplomática sin precedentes en el cuerpo hispano-marroquí. Él se curó, pero las relaciones entre Marruecos y España se enfermaron. 

 

La enfermedad física de Ghali se pudo transmitir, de una forma u otra, al cuerpo Marruecos-España, metafóricamente hablando.

 

La enfermedad de Ghali estaba a punto de dar al traste con las relaciones entre Marruecos y España, que son vecinos, amigos, socios, etc. 

 

El virus que ha entrado en el cuerpo de ambos países ha sido más fuerte y letal que la pandemia que ha sufrido y sigue sufriendo el mundo entero. 

 

Pese a la continua búsqueda de medicamentos «diplomáticos» para extirpar este virus, nada se ha logrado en el terreno. 

 

Ningún medicamento ha sido capaz de acabar definitivamente con el mismo, ya que la fuerza y magnitud de la enfermedad superaban con creces la eficiencia y eficacia de los medicamentos propuestos. 

 

Todos los intentos de reconciliación entre los dos países vecinos han sido condenados al fracaso. 

 

La crisis diplomática: del Hospital al Palacio

 

Pero porque «no hay mal que dure cien años» y que «para todo hay remedio, sino para la muerte», al final se ha encontrado una solución para subsanar, de la mejor manera posible, dicha crisis diplomática que ha derramado mucha tinta y que iba a destruir lo que ambos países vienen construyendo desde varios años y siglos.

 

La crisis hispano-marroquí ha estallado en el Hospital de España y se ha solucionado en el Palacio Real de Marruecos, a través de un encuentro histórico, simbólico y lleno de futuro entre el rey Mohamed VI y el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. 

 

Dicho de otro modo metafórico, las relaciones diplomáticas entre Rabat y Madrid han salido enfermas desde el Hospital de Logroño, ha estado sufriendo en España más de diez meses y se han recuperado en el Palacio Real de Rabat.

 

Lo que ha destruido Ghali han podido arreglarlo las Casas Reales de Marruecos y España. 

 

Al fin y a la postre, el gran perdedor ha sido Ghali, quien ha ido a España por la lana y ha vuelto a Argelia trasquilado. 

 

La crisis como una pausa necesaria para empezar de nuevo sobre bases sólidas 

 

Esta crisis ha sido clave y decisiva no sólo para mejorar o restaurar las relaciones entre Marruecos y España, sino que también para construirlas de nuevo, sobre cimientos sólidos y fuertes, para poder resistir ante cualquier otra «sacudida diplomática» tanto en el presente como en el futuro. 

 

Se puede afirmar sin temor a equivocarse que esta pauta ha sido obligatoria en el sentido más amplio de la palabra, para poder empezar de nuevo con pasos muy firmes.

 

Resulta imposible imaginar unas relaciones fuertes sin que haya claridad, transparencia, franqueza, respeto, entre otros elementos básicos de una relación exitosa y fuerte. 

 

La ruptura que han vivido Marruecos y España ha permitido a ambos países hacer salir sus relaciones de la sombra a la luz y de la ambigüedad a la claridad. Ha sido clave para «llamar al pan, pan; y al vino, vino» y para poner los puntos sobre las íes. 

 

Siempre es bueno y recomendable detenerse, por lo menos una vez en la vida, para valorar o desvalorar lo que tenemos, corregir lo que hay que corregir, quitar lo que hay que quitar,…

 

De una crisis grave a una amistad infinita 

 

Además, la reciente crisis ha permitido abrir una etapa sin parangón entre ambos países y pueblos. Hoy en día se está abriendo una etapa inédita repleta de amistad, convivencia, cooperación diplomática,  política, económica, comercial, cultural,…

 

Ahora, sin duda alguna, las relaciones entre ambos países se van a mejorar muchísimo a todos los niveles y en todos los ámbitos de cooperación. 

 

Las relaciones hispano-marroquíes van a ir viento en popa. De hoy en adelante, no habrá piedras – o mejor dicho no existirán «piedras grandes» – en el camino de estas relaciones. Mientras que las piedras pequeñas siempre han existido, existen y existirán porque eso forma parte de cualquier relación por más fuerte y sólida que sea. 

 

Para concluir, cabe señalar que hoy por hoy se están abriendo nuevas páginas «blancas» en el libro titulado «Marruecos-España, una nueva vida».

 

Por lo tanto, hay que tener mucho cuidado a la hora de escribir en dicho libro. No hay que llenar sus páginas blancas con errores similares a aquellos cometidos en el pasado. Ambos países deberían tratar de no tropezar con la misma piedra. 

 

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