Análisis. España está obligada a comprender el Nuevo Marruecos para no perder su posición

El nuevo Marruecos ya no espera el visto bueno de la España de hoy para emprender inversiones en su territorio. Una realidad nada cambiante. Y solo es el comienzo.

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Rue20 español/ FEZ

 

Ismail El Khouaja

 

El nuevo Marruecos inquieta, atormenta y despierta los rencores de los vecinos. La política pacifista que adaptó el país magrebí con los países europeos desde su Independencia no le favoreció mucho. Para éstos, Marruecos -y los demás países africanos- ha sido, es y será una ex colonia.

 

El cambio de Política Exterior marroquí resultó dos crisis diplomáticas con Alemania y España, hasta ahora sin resolver. El Marruecos de hoy ya no acepta la política de doble rasero de los europeos y está dispuesto a anular cualquier acuerdo comercial con quiénes mantengan una potura ambigua respecto a la integridad territorial marroquí, tal como afirmó el rey MohammedVI en suúltimo discurso.

 

Este cambio de tono todavía no ha sido digerido por España que lleva siglos aprovechándose del conflicto del Sáhara para arrodillar a su vecino del sur. Desafortunadamente -para España-, las cosas han cambiado y a favor de Marruecos diplomática y comercialmente.

 

El reconocimiento de la Administración Americana de la marroquinidad del Sáhara ha dado un giro copernicano al asunto.

 

Por su parte, el presidente americano Biden, con el que Pedro Sánchez, presidente del Gobierno  español,  sigue esperando  hacerse con él una foto, no retrocedió la decision de Trump.

 

Además, Estados Unidos acaba de recibir al jefe de la diplomacia marroquí en Washington para hablar sobre las relaciones bilaterales y otras cuestiones regionales e internacionales.

 

«Tenemos una asociación de larga data con Marruecos, que queremos reforzar y profundizar», dijo el jefe de la diplomacia estadounidense, Antony Blinken. «Seguimos considerando el plan de autonomía de Marruecos como serio, creíble y realista», agregó.

 

¿Por qué España no sigue los pasos de Estados Unidos en reconocer el Sáhara marroquí y mantener o multiplicar así su privilegiada posición como primer socio comercial de Marruecos.

 

El rencor de los vecinos del Este tiene una explicación, pero el del Norte es raro. Al fin y al cabo, no vale comparar régimen con democracia, pero aún así es difícil explicar por qué España pone trabas al desarrollo que conoce Marruecos en las dos últimas décadas.

 

Ahora bien, entre los asuntos que ha desatado la ira de España últimamente es la instalación de piscifactorías en sus aguas territoriales. Desde entoces, España y su prensa no dejan de hostilizar a Marruecos.

 

La «permanente hostilidad de Marruecos con España», así concibe el PP de la ciudad ocupada de Melilla la instalación del país norteafricano de una piscifactoría cercana a las islas Chafarinas y otras dos futuras instalaciones cerca de la misma ciudad ocupada.

 

«Tras varios episodios hostiles, Marruecos vuelve con dos piscifactorías, ahora en la ruta Almería-Melilla, aguas territoriales españolas», dice.

 

El partido de la ciudad ocupada teme que el silencio del Gobierno socialista pueda «ser interpretado como debilidad o falta de interés» en la defensa de la «integridad territorial de España», «integridad» que se encuentra fuera del territorio europeo.

 

El partido incluso amenaza con llevar el Caso Piscifactorías al Parlamento Europeo, algo que consagra la habitual política de España cuando quiere asustar a sus vecinos del Sur.

 

Por su parte, el otro partido ultraderechista, extremista, racista, etc., VOX, ha ido muy lejos al comentar que está preparando «una solicitud de copia de la nota verbal entregada por parte del Ministerio de Asuntos Exteriores a la Embajada de Marruecos en España», según publicó ayer en un sitio.

 

Ese partido pretende asimismo pedir «al Ejecutivo que se pronuncie sobre cómo piensa reaccionar si Marruecos no se aviniera a las demandas españolas”.

 

Ante estas amenazas colonialistas, el ministro de Asuntos Exteriores, el socialista José Manuel Albares, mantiene una postura neutra y no se ha dejado guiar por el rifirrafe de los derechistas, limitándose a decir que las instalaciones marroquíes «no tendrá(n) repercusiones en la relación bilateral, afectada por la crisis diplomática y que aún no se ha zanjado de manera definitiva», según informó «El Faro de Melilla».

 

El MAE español, desde su sustitución por Arancha González Laya, anda con pies de plomo al tratarse de Marruecos. Albares evita agudizar la crisis bilateral con el país norteafricano que de momento ha preferido asistir a la reunion chino-africana en Senegal en vez de acudir a la cita de Barcelona, hoy lunes, en el foro de la Union Por el Mediterráneo (UPM).

 

Se trata de un claro mensaje de que Marruecos está dando más importancia a sus nuevos aliados (en este caso China) y a los países africanos con los que comparte el futuro continente africano.

 

Las iniciativas y auydas que vienen del Norte han demostrado ineficia y corto de miras tanto en la resolución de los conflictos de los países del Sur como en las políticas colonialistas adoptadas en su contra en materia de inmigración,  cooperación, etc.

 

Sin ir más lejos, el Ómicron es un ejemlo evidente de lo que estamos diciendo. La variante de coronavirus salió de Sudáfrica y ahora está arrasando a Europa que pensaba que vacunando a sus ciudadanos  estaría a salvo.

 

Los países pobres -o mejor dicho empobrecidos- de África se quedaron aislados en esta pandemia en ausencia de una politica seria y humana para enfrentar el virus.

 

Volviendo a lo de las instalaciones de piscifactorías, España tiene que darse cuenta que en el sur una potencia regional se está creciendo cada día gracias a la revolución indusrial, los trinufos conseguidos en el expediente del Sáhara, la nueva alianza con los países anglófonos, sin olvidar la reanudación de la relaciones con Israel y el nuevo panorama que de ello se dibujará en la region.

 

Dicho esto, el nuevo Marruecos ya no espera el visto bueno de la España de hoy para emprender inversiones en su territorio. Una realidad nada cambiante. Y solo es el comienzo.

 

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