El régimen argelino lucha contra molinos de viento

Argelia está destruyéndose a sí misma con sus propias manos

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Rue20 en español / Mequínez

Mohamed Charbi

“A palabras necias oídos sordos”, es un refrán popular que expresa que no debemos hacer caso a comentarios y decisiones imprudentes o impertinentes. A veces, el silencio es la mejor respuesta. Así reacciona el Reino de Marruecos ante las últimas declaraciones y decisiones del régimen militar argelino.

Marruecos, como solía hacer antes, ha guardado silencio de cara a la reciente decisión de Argelia de cerrar su espacio aéreo a los aviones marroquíes.

Rabat opta por callar frente a cualquier acto hostil del país vecino, porque cree que ésta es la mejor estrategia ante este tipo de situaciones, de lo contrario, los tira y afloja entre ambos países vecinos y hermanos nunca terminarían.

Además, antes de la ruptura de Argelia, el Reino marroquí hizo varios gestos de acercamiento en diferentes oportunidades. Prueba de ello, los dos últimos Discursos Reales del Rey Mohammed VI, pronunciados con motivo de la Fiesta del Trono y la Revolución del Rey y del Pueblo, donde se hace una alusión directa y explícita a que Marruecos está dispuesto a tender la mano a Argelia para el bien común.

El monarca marroquí, durante su Discurso, envió una invitación sincera a los «hermanos de Argelia, para actuar juntos y sin condiciones con el fin de establecer unas relaciones bilaterales basadas en la confianza, el diálogo y la buena vecindad», ya que «la situación actual de estas relaciones no nos satisface ni beneficia a nuestros dos pueblos, amén de ser inaceptable para numerosos países».

Otro gesto de acercamiento se plasmó también en el ofrecimiento de aviones por parte del monarca para apagar sus incendios forestales.

Mientras que el último gesto fue cuando el pasado sábado el rey Mohamed VI envió un mensaje de pésame al presidente argelino, Abdelmajid Tebboun, por la muerte del ex presidente Abdelaziz Bouteflika. Otra vez, Ayer, Mohamed VI presentó su pésame a Argelia por la muerte de su expresidente, Abdelkader Bensalah.

No obstante, el régimen militar argelino sigue respondiendo, ilógica y raramente, al bien con el mal. Prefiere la guerra a la paz y el ruido a la tranquilidad.

El régimen argelino está luchando contra molinos de viento, o sea, peleando contra enemigos imaginarios que no existen en la realidad, tal como hacía don Quijote de la Mancha en sus aventuras durante las épocas de antaño.

Los políticos argelinos están perdiendo la cabeza cada día más. No saben lo que hacen y dicen. Con sus disparates y locuras están convirtiendo a Argelia en un país que anda sin brújula, sin dirección, como un barco a la deriva.

Los militares argelinos están tratando de tapar sus incalculables fracasos y sus problemas internos debajo de la alfombra de Marruecos –«el enemigo ficticio» de los argelinos-.

Argelia se ha acostumbrado a crear problemas con Marruecos para tratar de ocultar sus crisis internas y externas.

Esta estrategia es, a todas luces, inútil, que tiene como objetivo desviar la opinión pública de lo que ocurre dentro.

Los responsables del país vecino deberían saber que Marruecos no tiene tiempo libre para participar con ellos en este «juego sucio», ni tiene tiempo para contestar a sus barbaridades y tonterías.

En la actualidad, Marruecos se centra en hacer que los proyectos internos sean exitosos, lograr seguridad y estabilidad y crear oportunidades de trabajo para los ciudadanos marroquíes, amén de otras cuestiones de suma importancia.

A Marruecos no le importan las posiciones del régimen militar argelino, que ha perdido la brújula desde que decidió cortar las relaciones diplomáticas con el Reino marroquí.

Mientras que Argelia está derrochando tiempo, dinero y esfuerzo en batallas ficticias, Marruecos está apostando por obtener más éxitos diplomáticos en el exterior, especialmente en África y América Latina, donde la diplomacia argelina sufre caída tras caída.

En resumen, con sus decisiones insensatas y su mala gestión de los problemas internos y externos, Argelia está distorsionando cada día más su imagen tanto a nivel nacional como internacional.

Argelia está destruyéndose a sí misma con sus propias manos.

 

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