ANÁLISIS: La España racista. Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio

En pleno siglo XXI y los derechos humanos, parece que la sangre de un “moro” no despierta la adormecida conciencia de los titulares de los más importantes medios de comunicación en España ni la de los intelectuales españoles

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RUE20 ESPAÑOL / RABAT

Ismail El Khouaja

Parece que la diversidad cultural es solo tema de nuestros días, debido a la cantidad de personas culturalmente diversas que viven en un mismo país.

En principio esto supone riqueza y, por lo tanto, fin de nuestra existencia. ¿Acaso por qué somos diferentes? Pues simplemente para conocernos y respetarnos desde la diferencia.

El problema sucede cuando uno se cree mejor que el otro, por su color, su etnia, su religión, etc.

Aquí no cabe hablar de diferencia, sino de racismo. El mal que lo destruye todo, ya que lo peor que pueda pasar a cualquiera se da cuando se siente que su humanidad se pone en cuestión.

Los inmigrantes, que han dejado sus países que todavía sufren las herencias perpetuadas del colonialismo, incluso aquellos afortunados que habían logrado conseguir un buen estatuto social para “integrarse” con la comunidad europea, sufren racismo.

Despliegan un buen esfuerzo para combatir los prejuicios heredados, pero en vano.

Algo así como en la era del buen y mal cristiano de la España del siglo XVI.
Sobre la figura del “moro” se han escrito historias, novelas, relatos, etc.

Todo autor abordó al moro según su perspectiva. Pero la mayoría coincidió en adjetivar el moro como austero, traicionero, bárbaro, etc.

Incluso se inventaron refranes: Moro fino, come tocino y bebe vino; de buen moro buen cristiano, nunca lo vi en mis años; quien no fue buen moro, no será buen cristiano, etc.

Este proceso de adjetivación despectiva del moro ha tenido su impacto en el imaginario social español. Y ahora vemos sus consecuencias.

Hoy en día, en pleno siglo XXI en cuanto a la democracia y los derechos humanos, parece que la sangre de un “moro” no despierta la adormecida conciencia de los titulares de los más importantes medios de comunicación en España ni la de los intelectuales españoles ni la de los que acogieron a un criminal de guerra por “razones humanas”.

Esto invita a plantear esta pregunta: ¿qué pasa cuando la víctima es blanco, europeo, cristiano y el asesino es un moro, inmigrante, musulmán? Si es el caso, veremos una escandalosa manifestación de islamofobia, que el islam incita al odio y a matar gente, que el moro es peligroso, que el inmigrante es el origen del mal, etc.
“No quiero moros en el local”, dijo Carlos, un cincuentón y exmilitar español cuando se molestó de la presencia de marroquíes en la Cafetería El Muelle en Murcia, la tarde del domingo 15 de junio.

Después de mantenerse desavenencia con Younes, un marroquí de 39 años, Carlos se fue a casa, cambió de ropa y volvió a la Cafetería mientras sujetaba en la mano una pistola.

“Levántate, dijo Carlos mientras le pegó tres tiros en el pecho de Younes.
«Que no se acerquen los moros», eso dijo Carlos cuando fue arrestado por los policías. ¿A qué se debe tanto odio hacia otro ser humano?

El Español sostiene que se trata de un “tema racial”. Es verdad porque todo apunta que se trata de xenofobia.

Las declaraciones del asesino fueron muy cargadas de racismo hacia los despectivamente llamados “los moros”. Según el asesino, “todos los moros tendrán que estar muertos”.

«A mí marido lo ha matado un racista», dijo Andrea, una sevillana de 33 años, la esposa de Younes.

Después de pasar un día a pedir de boca con Younes, la noticia cayó como un rayo de luz cuando el amigo de Younes le llamó para comentarle lo que había pasado.

El episodio fue tan duro que no pudo evitar a que su hijo viera a su padre tirado en el suelo, desangrando.

El lugar del crimen, la Cafetería El Muelle, es un espacio muy frecuentado por los magrebíes, ahí se suelen tomar té los marroquíes y los argelinos.

Además, la encargada de los camareros, Pilar, tiene un hijo argelino adaptado.

Estamos pues hablando de un espacio tolerante donde los magrebíes puedan sentirse cómodamente a gusto lejos de la discriminación y el racismo que sufren el día a día.

Sin embargo, la xenofobia es ciega y no deja ningún lugar, y a veces es más letal que un virus.

El hecho desató la ira de la comunidad marroquí en España que pide la aplicación urgente de la justicia, así como condenar a este asesino como terrorista.

Porque si el asesino fuera un marroquí o árabe, todos los medios de comunicación lo tacharían de terrorista, pero cuando se trata de un europeo, por lo general, lo calificarían de psicópata.

Cabe recordar que no es la primera ni será la última vez que un ‘moro’ sea víctima de actos de xenofobia por parte de una parte de la población española que sigue llevando un odio eterno hacia los marroquíes.

Por respeto a sus almas y sus familiares no vamos a enumerar la lista de aquellos que fueron asesinados por xenofobia hacia los moros.

Esta xenofobia la están fomentando cada día los medios de comunicación y los discursos de la extrema derecha.

Los discursos xenófobos de Abascal y de su partido VOX contra los moros han logrado su objetivo. Matar a inocentes.

Los marroquíes son muy pacientes e intentan hacer caso omiso al racismo y la xenofobia que viven en España porque ni les queda más remedio que hacer.

Estudian, trabajan y se esfuerzan para intentar cambiar los prejuicios perpetuados en el imaginario social español.
Pero en nada. “Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”, dice Albert Einstein.

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